DUELO DE DIVAS

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Regino Mateo

En este principio del verano suena la música a ritmo de discoteca de ambiente. Se crean ustedes lo que se crean, los coloristas 70 no murieron nunca, Estudio 54 nunca cerró, y la vida cercana al 28 de junio, celebración del Orgullo LGTB, ha decidido vestirse de colores, lamés y lentejuelas, desvestirse con cuerpos viles al sol, y celebrar la vida como más duele a los que debe doler esta fiesta: con luz, con visibilidad, con reivindicaciones pendientes y triunfos pasados en las pancartas. Y por supuesto, en este primer año de Orgullo Sin Zerolo, con la presencia de Pedro en los corazones y en los recuerdos.

De norte a sur, de oriente a poniente, por las calles de Madrid sobre todo pero también en tantas ciudades, la música servirá para celebrar que estamos vivos, que amamos como queremos a quien queremos. Que fue verdad aquel viejo y rotundo Sobreviviré desde la seguridad de que Soy lo que soy y la de que pese a quien pese Nací de esta manera.

Porque aunque los ritmos vayan a sonar transversales y los cuerpos vayan a celebrarlos agitándose felices sin que edad o condición supongan peso alguno, no deja de ser cierto que la preciada categoría de Himno Gay sí sabe de generaciones. Fueron tiempos de primeras visibilidades y salidas de armario, de parejas que aprendían a ser juntas en la oscuridad social y en el miedo, parejas que podían romperse por cualquier pequeña inseguridad, en los que Gloria Gaynor triunfó y ocupó el podio con su mítico I will survive en reñida competencia con la propia Gaynor y su I am what I am (y  su continuación, y por lo que soy no tengo que ofrecer excusas, tan militante, tan de revolución sexual, tan post Stonewall).

Tiempos en que los más veteranos del movimiento bailaron en las discotecas y puede que perdieran alguna lágrima recordando a ese que se fue y que pretendía volver para seguir haciéndonos daño. Pero más felices, más firmes, con menos lastres legales y sociales, con más puertas abiertas, las generaciones más jóvenes, esos a los que el bueno de Alas llamaba Verdegays, proclaman que han nacido siendo, queriendo, defendiendo. Con la voz y las vibraciones de la transgresora Lady Gaga y su Born this way que cada año pega más y más fuerte en manifestaciones y fiestas.

Eso sí, que no se nos olvide que por las hispánicas costas y mesetas frente a Gaga y a Gloria tenemos nuestro himno particular, ochenteno y neoliberal: el A quién le importa de Alaska.

Amad a quien queráis, follad con quien esté de acuerdo. Feliz Orgullo LGTB 2015.