Las BSO, una necesidad comercial que estigmatiza

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Ángel González

Este enero de 2016 no parece el mejor mes para los músicos de una época y generación. Ya sea desde final de año o principios del mismo ya son varios los iconos musicales que nos han dejado ya sea para los amantes del metal, de rock o del country. Y es que otro ilustre como Glenn Frey nos ha dejado para pasar a otra vida, no se si mejor o peor, pero lejos de este mundo. Cuando me llegó la noticia de su fallecimiento unos minutos antes del comunicado oficial, sentí una extraña sensación de envejecimiento prematuro de mi propio espíritu rockero, aunque hay que reconocer que cada vez veo más arrugas en esos ídolos que recordaba algo jovenzuelos cuando yo era un niño, lo cierto es que empiezo a peinar canas y eso equivale a que no soy el único. Lo importante es asimilar los hechos y revivir en mi mente muchos de esos buenos momentos que me han hecho vivir.

Pero Frey era uno de esos artistas enigmáticos a mitad de camino del rock y del country, líder innato dentro del escenario y fuera, con la habilidad suficiente para doblegar egos de artistas muy competentes, pues su banda los Eagles tenía talento… y mucho. Por un instante deje de ver el tenis por streaming para céntrame en ver algunos artículos de esos que empiezan a brotar en estos instantes, supongo que en este mismo (en parte). En todos ellos se recordaba sus orígenes en la ciudad de Detroit y como le brotaba ese espíritu country en una ciudad propensa a otros estilos musicales. También se mencionaba en ellos el compadreo que tenía con Don Henley y que le llevó a crear una de las mejores bandas de country rock en los setenta hasta su aparente disolución (o separación o hiato o …) porque en esta vida todo vuelve a juntarse y más si hay dinero de por medio, aunque este matiz es insignificante si supone volver a disfrutar del talento de las personas.

Esto que es aparentemente obvio en todo obituario no ha sido lo que me ha hecho reflexionar hoy sino la parte de muchos de ellos que recordaban su participación en bandas sonoras de grandes éxitos comerciales como fueron ‘Superdetective en Hollywood’ o ‘Thelma y Louise’. Es evidente que en los ’80 creció una necesidad en los artistas musicales de la época por dejar testimonio en forma de canción en bandas sonoras de gran éxito. En algunos casos el éxito desbordaba el propio talento y en otros eclipsaba parte de la trayectoria de algunos de ellos. Empecé a pensar en películas y sus canciones y la lacra que había significa, no a corto tiempo pero si con el paso de los días. Recordaba como más de un amigo, amiga, familiar o conocido me recordaba ‘si tenia la canción de ese artista que se llamaba… no recuerdo, pero que salía en tal o cual película’. Recuerdo que les ponía cara de circunstancia con una mezcla de la cara de póker (juego al que nunca he sabido jugar) y hacía como si no supiera ni cual era la película. Después de que me insistieran mucho dejaba caer el nombre del cantante y era justo el momento que se invertían las tornas y la cara de póker se les quedaba a ellos, un gesto que duraba hasta que cedía para romper ese momento incómodo y soltaba el nombre de la canción. En ese preciso instante mejoraba el gesto en señal de salvación. Era cuando muchas veces les recordaba que el artista en cuestión tenía una carrera profesional alejada a esa banda sonora a la que prestar atención.

Pero la sociedad musical es así, hoy me acuerdo de ti y mañana de tu participación musical en una película. Pero no sentí esta mañana que estuviera mal rememorar esas canciones pues muchos artistas no tienen culpa de esa necesidad de ganar dinero extra gracias a la asociación entre film y banda sonora original, también sea dicho que en ocasiones no resultaba muy original. Me vinieron a la mente entre otras la canción de los Cazafantasma de Ray Parker Jr. (aun colea quien sacó más o menos éxito de esa melodía mediocre), la canción Power of Love en Regreso al Futuro de Huey Lewis & The News, a Eric Clapton con It’s In The Way That You Use It para el Color del Dinero, o Roy Orbison rememorando Pretty Woman (hasta el film más de uno y de dos no sabían ni quien era él), Steve Wonder con I Just Call I Love You en la Mujer de Rojo, Phil Collins con Against All Odds (Take a Look at Me Now) de Contra Todo Riesgo.

Estos son algunos de los muchos ejemplos del legado del mundo del rock, pop y demás que podemos incorporar a nuestra memoria (alguien recordará fijo la de Titanic pero yo hice borrón a ese momento de la historia). Es importante hacer balance del equilibrio que ha dado esta unión pues más de una película se recuerda por sus canciones (que en algunos casos no aparecían ni las canciones en el film), en otras las películas revivieron a los artistas, pero también en más de unas les llevaron a un estrepitoso fracaso. El beneficio económico fue el mayor aliciente durante una década donde el dinero mandaba mucho, aunque supo conservar parte de la esencia del momento. Hoy no diremos que no marque el dinero, pero se define desde la capacidad que uno tiene de adentrarse en la cultura digital. A Glenn Frey no le voy a recordar por su participación en bandas sonoras de una forma más o menos acertada. Su legado se extiendo por obras brillantes, por cimentar las bases del country rock, por crear uno de los grupos con mayor talento y virtuosismo, y por vivir el rock con el espíritu con el que nació.